11.1.2012
La presión de Occidente convierte la alianza de China con Irán de un activo en un pasivo.
por Ilan Berman (*)
¿China se está desvinculando de Irán ? Durante años, el apoyo constante de Beijing ha ayudado para que el régimen iraní frustrara los esfuerzos internacionales para aislarlo y sancionarlo por sus ambiciones nucleares. Este mes, sin embargo, hay señales alentadoras de que China está reconsiderando su larga asociación estratégica con la República Islámica.
China ha comenzado a restringir su comercio energético con Irán, en respuesta a nuevas sanciones económicas impuestas contra el Banco Central de Irán por la administración Obama y la perspectiva, cada vez más probable, de un embargo de petróleo iraní por parte los países europeos. Este mes, las importaciones de crudo de China desde Irán han caído en unos 285.000 barriles diarios, más de la mitad del volumen total que China importa regularmente de Irán en el día a día. Los funcionarios chinos han señalado, que esta reducción continuará en febrero y posiblemente aun más allá.
Este doble golpe a la economía de Irán y a sus ambiciones nucleares, sin duda están preocupando a los ayatolás. La situación económica de Irán está íntimamente ligada al auge de China.
Durante la última década, impulsada por un crecimiento económico masivo y sostenido, China se ha convertido en un consumidor voraz de energía global. A finales de la próxima década, según estimaciones de la industria, el consumo de petróleo de China podría crecer hasta ocho millones de barriles por día, por lo que sería el mayor consumidor mundial de petróleo.
Como motor del crecimiento impresionante de Pekín, el Irán rico en energía es un socio estratégico natural. Hace tres años, Irán proporcionó aproximadamente el 15% de las importaciones totales de petróleo de China, siendo su segundo mayor proveedor. El año pasado, de manera similar, la República Islámica suministró un 12% de la demanda exterior de petróleo de China.
A cambio de petróleo, China ha sido un elemento clave en las ambiciones nucleares de Irán. Beijing hace la vista gorda con sus empresas nacionales que participan en el comercio nuclear con Irán y trabaja diplomáticamente para diluir la presión internacional impuesta por las Naciones Unidas y otras instituciones multilaterales. Los efectos han sido espectaculares. Expertos conocidos en la no proliferación estiman, que una represión sobre las empresas nacionales por parte del gobierno chino podrían paralizar efectivamente los esfuerzos atómicos de Teherán, al menos en el corto plazo.
Hasta ahora, Beijing no ha realizado nada parecido a una campaña contra el comercio nuclear. Y Washington, preocupado por el estado de la economía global y la salud de las relaciones entre Estados Unidos y China, no ha presionado sobre el tema.
Las recientes decisiones de China en materia de energía, sin embargo, sugieren, que su cálculo tradicional en la cooperación con Irán puede estar cambiando, y por buenas razones. Responsables de la política de Pekín han sentido desde hace algún tiempo, que sus lazos para con el régimen iraní tienen el potencial de convertirse en una responsabilidad geopolítica seria.
China está comprendiendo que el Congreso de los EE. UU., que ahora muestra un creciente apetito de fuertes presiones económicas sobre Irán por su programa nuclear, pronto podría sancionar a los facilitadores de Teherán, siendo las empresas chinas las principales entre ellas. Los funcionarios chinos no pueden sino notar que la búsqueda nuclear de Irán, -y el apoyo brindado por países como China- se está convirtiendo en un tema de campaña importante para los aspirantes republicanos a suceder al presidente Obama.
Tal vez un peso muy fuerte en la mente de Beijing sean las recientes bravatas de Irán sobre un posible cierre del estratégicamente vital estrecho de Ormuz. Es probable que esto haya asustado a los funcionarios chinos responsables de asegurar el flujo constante de petróleo necesario para mantener el dinamismo económico de su país.
Cualquiera sea la razón, la reducción de China de los lazos energéticos con Irán es una buena noticia y un paso adelante muy importante para los esfuerzos occidentales dedicados a estrechar el cerco económico alrededor de la República Islámica. Por fin, la dirigencia china parece estar despertando al hecho de que la cooperación con Irán implica riesgos reales.
Washington y las capitales europeas deben aprovechar el momento para amplificar su mensaje y para apoyar la búsqueda inevitable de Beijing hacia otros proveedores de energía, que puedan ofrecer alternativas más estables al crudo iraní. Después de todo, sólo convenciendo a China de que su futuro energético no está con los ayatolas de Irán, es que la comunidad internacional puede esperar que la reciente corrección de rumbo de Pekín sea permanente.
(*) El Sr. Ilan Berman es el vicepresidente del American Foreign Policy Council en Washington, DC
El divorcio entre Pekín y Teherán se acerca
16/Ene/2012
The Wall Street Journal, Ilan Berman